Viktor Frankl, consejero de salud mental dijo; “El esforzarse por hallar significado en la vida de uno es la principal fuerza movedora dentro del hombre. […] No hay nada en el mundo, me atrevo a decir, que ayudaría tan eficazmente a uno a sobrevivir hasta a las peores condiciones como el conocimiento de que la vida de uno tiene significado”.
Y es que se nos hace difícil aceptar por qué hay tortugas que viven el doble o triple de años que nosotros. Otro que nos triplica en longevidad es el tiburón de Groenlandia, alcanzando edades superiores a los 300 años. Podemos sumar a la lista el erizo de mar rojo, la ballena boreal, la almeja de Islandia etc. etc.
¿Es todo lo que hay, vivir 80 o 90 años si vivimos en “la cara buena del mundo”? ¿Qué estos pasen como una exhalación? ¿Qué nuestra vida haya estado en el “bombo” de la felicidad? ¿O tal vez nos tocara el otro “bombo”?
Para comprender el propósito de nuestra vida, hay que llegar a aceptar y convencerse de algo fundamental que en el caso de muchos de nosotros nos tomó tiempo e investigación; la existencia de un creador.
No vamos a entrar en considerar este asunto en este artículo, lo iremos haciendo en las secciones, “EN BUSCA” y “EL CAMINO”. Pero sí en porqué el aceptar a un creador conduce lógicamente a comprender el propósito de nuestra vida.
La Biblia nos enseña que el ser humano no fue creado para vivir 80 o 90 años, tal vez tener una vida infeliz, llena de problemas envejecer morir y desaparecer. El libro de Salmos capítulo 37 versículo 29 dice: “Los hombres buenos heredarán la tierra y vivirán en ella para siempre”.[1] En cuanto a la duración de la vida, nos enseña que los humanos fuimos creados para vivir eternamente, la expresión “vida eterna” aparece en la Biblia unas decenas de veces. En el evangelio según Juan, capitulo 10 versículo 10, Jesucristo dijo; “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.[2]
También nos explica en las condiciones que será esta vida: “Pero los mansos heredarán la tierra y disfrutarán plenamente de paz”.[3]
Abundando más sobre las condiciones, en el libro de Apocalipsis se lee así: “Secará todas las lágrimas de ellos, y ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor; porque todo lo que antes existía ha dejado de existir”.[4]
Quizás usted exclame “¡Eso sería un paraíso!”. Pues sí, eso es lo que le prometió Jesucristo a un hombre que puso fe en él poco antes de morir, le dijo: “Yo te aseguro hoy: estarás conmigo en el Paraíso”.[5]
Aún con todo, no hemos llegado a la razón más importante de nuestra existencia. La razón más elevada, la más importante, ésta la resumió el sabio rey Salomón por dirección de Dios en el libro bíblico de Eclesiastés capítulo 12 versículo 13 donde dice; “Después de oírlo todo, la conclusión es esta: teme al Dios verdadero y obedece sus mandamientos, porque eso es todo lo que el hombre debe hacer”.[6]
Así es, el propósito de la vida es conocer a nuestro creador y vivir para Él. Fuimos creados con las capacidades físicas e intelectuales para ello. Si dedicáramos todo nuestro ser únicamente a satisfacernos a nosotros mismos y a otros, sin dejar nada para conocer, servir y adorar al creador, estaremos perdiendo de vista el verdadero propósito de la vida.
Al cumplir con este propósito, por su inmensa bondad, Él nos colmará con una vida eterna y feliz, pues esto es parte de su propósito.
Foto: Nihal Karkala (Unsplash)
[1] La Biblia. Dios Habla Hoy. Salmos capítulo 37 versículo 29
[2] La Biblia. Reina Valera 1960. Juan capítulo 10 versículo 10
[3] La Biblia. Traducción del Nuevo Mundo (edición de estudio) Salmos capítulo 37 versículo 11
[4] La Biblia. Dios Habla Hoy. Apocalipsis capítulo 21 versículo 4
[5] [6] La Biblia. Traducción del Nuevo Mundo (edición de estudio) Lucas capítulo 23 versículo 43. Eclesiastés capítulo 12 versículo 13