La singularidad del ser humano

El ser humano necesita comida, agua, aire y un lugar donde protegerse de los elementos, al igual que los incontables miles de millones de seres vivos que habitan este planeta. Pero tiene una necesidad singular.

El sociólogo canadiense Reginald W. Bibby escribió; “La gente tiene necesidades que solo la religión puede satisfacer”. La revista American Sociological Review, publica en su número de febrero de 2000 un artículo que decía; “Parece que el ser humano tendrá siempre cierta inclinación espiritual”.

Así es, a lo largo de la historia, el ser humano siempre ha sentido la necesidad de “buscar a alguien o  algo”. La historia de la religión es tan antigua como la del hombre mismo. Eso es lo que nos dicen arqueólogos y antropólogos. The New Encyclopedia Britannica dice que “hasta donde ha llegado la investigación a los eruditos, considerando todo lugar y tiempo, nunca ha existido un pueblo que no fuera de alguna manera religioso”.

Tanto antigua como diversa, esta inclinación espiritual la manifiestan, los nómadas del desierto del Sahara, los esquimales del ártico, los indígenas de la amazona o muchos de los habitantes de las grandes urbes del mundo. No es asombroso todo esto.

Abundando más sobre esto, Ivan Lissner dijo en su libro Man Good and Magic (El hombre, Dios y la magia) “Maravilla la perseverancia con que el hombre, durante toda su historia se ha extendido hacia más allá del hombre mismo. Sus energías nunca se han dirigido tan solo a satisfacer las necesidades de la vida. Siempre ha estado investigando, buscando a tientas más allá, aspirando a lo inalcanzable. Este extraño impulso inherente a ser humano es su espiritualidad”.

El libro Man Does Not Stand Alone, (El hombre no está solo) de A. Cressy Morriison, expresa lo siguiente al respecto: “El hecho de que en todas partes y en todas épocas, desde el principio hasta nuestros días, el hombre haya sentido el impulso de recurrir a algo que cree que es superior y más poderoso que él mismo muestra que la religión es innata y que debería reconocerse científicamente. […] Debería llenarnos de asombro y reverencia ver la universidad tanto de la búsqueda de un ser supremo como de la creencia en él por parte del hombre”.

Con todo nuestro respeto y sensibilidad por los amantes de las mascotas, todos tenemos asumido que ellas no se preocupan por este tema ni se lo plantean.

Ni siquiera nos imaginamos a un orangután, uno de los llamados grandes simios colgando de una rama, mirando el amanecer y preguntándose; “¿De dónde venimos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué pasa cuando morimos? ¿Qué encierra el futuro?”.

Aunque su nombre compuesto de las palabras indonesias orang y hutan, significa “hombre de la selva”, ni siquiera él se asemeja a la singularidad del ser humano, su espiritualidad.

 

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