Estas fueron las palabras de Albert Einstein, físico alemán de origen judío sobre Jesús de Nazaret y añadió; “Nadie puede leer los Evangelios sin sentir la presencia de Jesús. Su personalidad palpita en cada palabra”.
The New Encyclopedia Británica (1987) dice; “Relatos independientes prueban que en la antigüedad ni siquiera los opositores del cristianismo cuestionaron alguna vez la historicidad de Jesús”.
Tenemos el testimonio de historiadores romanos de la antigüedad, especialmente el del muy conocido Tácito. En su obra Andes, escribió; “Aquel de quien tomaron el nombre, Cristo, había sido ejecutado en el reinado de Tiberio por el procurador Poncio Pilato”. (Andes, XV,44)
El historiador Suetonio, (c. 69-d.122) en su obra Vida de los césares escribió en la sección dedicada a Claudio César sobre unos disturbios lo siguiente; “Puesto que los judíos constantemente causaban disturbios por instigación de Cresto [Cristo], él [Claudio] los expulso de Roma” (El divino Claudio, XXV,4). Suetonio no dudó de la existencia de Cristo.
También el historiador judío Josefo, (c. 37-100) escribió acerca del sumo sacerdote Anás; “Reunió el sanedrín [el tribunal supremo judío]. Llamó a juicio al hermano de Jesús que se llamó Cristo; su nombre era Jacobo [o Santiago]”. (Antigüedades judías, XX,200).
El Talmud, colección de escritos rabínicos judíos que data de los siglos tercero a sexto, muestra que hasta los enemigos de Jesús confirmaron su existencia. Un pasaje dice que en “la Pascua, Yeshu [Jesús] el Nazareno fue colgado”, dato que es históricamente correcto. (El Talmud de Babilonia, Sanedrín 43a, según la lectura del Códice de Múnich vea Juan 19:14-16)
En otro se lee; “Que no tengamos hijo ni discípulo que se deje estropear en público como el Nazareno”. (El Talmud de Babilonia, Berajot 17b, nota según lectura del Códice de Múnich; vea Lucas 18:37).
The New Encyclopedia Británica (edición de 2002) concluye; “Estos relatos independientes demuestran que en la antigüedad ni siquiera los opositores del cristianismo dudaron de la historicidad de Jesús, que comenzó a ponerse en tela de juicio, sin base alguna, a finales del siglo XVIII, a lo largo del XIX y a principios del XX”.
No obstante, la fuente principal que avala la existencia de Jesús son los Evangelios bíblicos, éstos contienen un registro histórico confiable. Un ejemplo es el evangelio según Lucas, capítulo tres, versículos uno y dos que dice; “En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, y siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.” (Santa Biblia Reina Valera 1960)
Las siete figuras públicas que señala aquí Lucas, son personas históricas reconocidas, que permiten establecer el año 29 en la corriente del tiempo para luego continuar con la vida de Jesús.
El peso de la veracidad de estos relatos se refuerza por el tiempo en que se escribieron. Juan, el escritor del evangelio que lleva su nombre dijo; “El que cuenta esto es uno que lo vio, y dice la verdad; […]”. (Santa Biblia DHH, Juan 19:35) Sí, “es uno que lo vio,” los evangelios se escribieron mientras muchas de las personas que presenciaron los sucesos relatados estaban vivos.
Aunque pudiera haber una excepción con el evangelio de Mateo a lo mencionado, en general se acepta que todos los libros que forman la parte de la vida de Jesús y posteriormente la de sus seguidores, quedaron terminados para el fin del siglo primero. Así muchos testigos oculares de la vida de Jesús podían corroborar que lo que se escribía era cierto, o de lo contrario, señalar cualquier error.
Es muy interesante lo que comentó el erudito bíblico Frederick F. Bruce; “Uno de los puntos fuertes que surgen de la predicación originaria de los apóstoles, es la confianza con que apelan a los conocimientos que poseían quienes escuchaban. No solo dijeron, ‘Nosotros somos testigos de estas cosas´ sino que agregaron; `como vosotros mismos sabéis´. (Hechos 2:22)”.
Apreciado lector; ¿por qué hemos tratado de aportar pruebas de la existencia de Jesús? … Porque las mismas fuentes que hemos señalado en este breve artículo, dicen que el propio Jesús dijo; “Yo soy el camino”. (Santa Biblia DHH, Juan 14:6) ¡Qué bueno que se pueda decir de Jesús de Nazaret que “ningún mito está tan lleno de vida”!