Como si se tratara de abrir el camino en la espesura de la selva cortando la maleza, esta puede ser la experiencia en la búsqueda de Dios, hay que quitar los obstáculos del camino.
Hablemos de algunos de ellos: En el siglo XVII, los adelantos científicos dieron a la ciencia un halo de infalibilidad y autoridad. Para muchos esta empezó a ser su “vaca sagrada”. La ciencia era nueva y emocionante, y la religión se la veía pasada de moda e insulsa.
Por otro lado, el movimiento intelectual La Ilustración que se extendió por Europa durante los siglos XVII y VVIII, intensificó esta actitud hacia la religión. The New Encyclopedia Britanica comenta que hunde “sus raíces en la filosofía griega”.
Hubo personajes relevantes en Francia, Gran Bretaña y Norte América que abogaron por este movimiento que entre otras cosas rechazaba la autoridad religiosa a favor del razonamiento crítico.
Durante la segunda mitad del siglo XVIII, se originó en Gran Bretaña la revolución industrial. Como resultado surgieron grupos de desempleados, escaseces de viviendas, pobreza y males relacionados con el trabajo.
¿Ayudaría la ciencia, el pensamiento ilustrado y la industria a despejar el camino en busca de Dios o serian obstáculos?
La influencia de La Ilustración, hizo que muchos culparán a la religión de muchos de los males de la sociedad. Según The Encyclopedia of Religión, “la sociedad debía estar construida de acuerdo con el modelo predeterminado de las leyes divina y natural, se reemplazó por la de que la sociedad estaba o podía estar, construida por el propio artificio o ingenio del hombre. Así llego a la existencia un humanismo seglar, social que a su vez daría origen a la mayoría de las teorías filosóficas y sociológicas del mundo moderno”.
La gente en general dejó de centrarse en un ser divino y su adoración, para centrar su atención y esfuerzos en la sociedad y participar activamente en los intereses de esta.
Unos ejemplos de esto es el movimiento protestante norteamericano del siglo XIX conocido como evangelio social. Los sacerdotes obreros de Francia o los clérigos de la América Latina que enseñan la teología de la liberación. De estas diferentes formas y maneras, muchos concordaban con el sociólogo francés Emile Durkheim que sugirió, “El verdadero objetivo de la adoración religiosa es la sociedad, no Dios”.
Estos pensamientos humanos son gran parte de la “maleza” en el camino en busca de Dios.
Al aparecer los problemas creados por la revolución industrial, las pseudoreligiones -un producto de las filosofías humanas- llenaron el vacío que dejaban las Iglesias al no dar verdadera guía y solución a los problemas del “nuevo mundo”.
Muchos encontraron su propósito en la vida en la búsqueda de riqueza y posesiones, una tendencia egocéntrica caracterizada por la revolución industrial. Este movimiento político entre otros llegaría a ser la “religión” de muchos.
¿Contribuyó la revolución industrial o lo que derivo de esta a despejar el camino en busca de Dios, o más bien sería parte de la “maleza”?
Este camino, se hizo más abrupto y la “maleza” más espesa en 1859 después de publicarse la obra de Darwin “El origen de las especies”, en la que expuso su teoría de la evolución. The Encyclopedia of Religión dijo que para cuando Darwin murió “el sector del clero más pensador y abierto había llegado a la conclusión de que había una total compatibilidad entre la evolución y un entendimiento ilustrado de las escrituras”.
El vaticano nunca puso las obras de Darwin en su índice de libros prohibidos. Más adelante escribiremos sobre el impacto que tuvo y tiene la teoría de la evolución en la sociedad.
Era fundamental que hubiera -siguiendo con la ilustración- personas con ímpetu, sacrificio, respeto y amor, que cortaran “la maleza” y despejaran el camino en busca de Dios.