Un ancla para el alma

A veces, la vida se puede comparar a estar sobre la cubierta de un barco en el corazón del mar, agitado por una impresionante tormenta. Ves oscurecerse el cielo con nubarrones negros, comienza el ruido ensordecedor de los truenos acompañados del destello cegador de los relámpagos. Las nubes “abren las compuertas” para descargar su fría agua que cala nuestros huesos. El viento comienza a soplar con toda su fuerza y vemos como el mar comienza a rizarse frente a nuestros ojos. Esto es peor que estar montado en una imponente montaña rusa de un parque de atracciones. Somos como mosquitos ante las monstruosas olas que se levantan ante nosotros golpeando una y otra vez nuestro barco. Estamos enganchados a las líneas de vida con los arneses porque de lo contrario, se nos lanzaría por los aires como monigotes de papel.

Las “tormentas” de la vida pueden despertar en nosotros sentimientos y emociones tan fuertes como las descritas. Podría ser la muerte de nuestro compañero de “viaje”, nuestro cónyuge. O según dicen, una de las perdidas más desgarradoras que existe, la muerte de un hijo o una hija. La muerte de un ser querido levanta una “tormenta” de emociones y sentimientos.

Otra situación tormentosa es enfrentarnos a una enfermedad grave, nosotros o un ser querido, dónde se espera el peor desenlace. Pensar en que cada día que pasa es un paso más para despedirse.

Podríamos seguir hablando de la vejez y sus estragos. Te ves en la necesidad de volver a depender de otros para las cosas más básicas y necesarias de la vida. Qué hay del dolor que ocasiona una ruptura familiar que hace que todo tu mundo se desmorona a tu alrededor. O tal vez la impotencia que supone no tener ni siquiera lo suficiente para cubrir las necesidades básicas de nuestra familia, comida, ropa para abrigarse o un hogar digno.

¿Qué puede ayudarnos a hacer frente a las tormentas de la vida?… Lo mismo que ayuda a los barcos a hacer frente a las tormentas en la mar; un ancla. Ésta se arroja a la mar bien fijada a un cable hasta llegar al fondo marino. Su diseño le permite excavar en el suelo o sujetarse en él, además de su propio peso. Una vez realizado su cometido, fijará el barco, no permitirá que los vientos, las corrientes marinas y las impetuosas olas se lo lleven a la deriva, lo destroce y se hunda.

Pablo, uno de los escritores bíblicos les dijo a sus compañeros que tenían algo que es como un ancla. Tenían algo que les ayudaría a mantener estabilidad emocional y mental. Algo que les daba fuerzas para aguantar los golpes de la vida. Tenían algo que les daba poder para reducir la ansiedad y que es como un bálsamo que calma un corazón angustiado. Tenían, una esperanza. Citamos sus palabras que recoge Hebreos, una de las cartas bíblicas, en el capítulo 6 y versículo 19; “Esta ESPERANZA mantiene firme y segura nuestra alma, igual que el ANCLA mantiene firme al barco”.[1]

Apreciado lector, puede que se pregunte; ¿Qué esperanza hay para la muerte, para la enfermedad, para la vejez, para el dolor, para la pobreza?… Permítanos decirle que es normal que se exprese así, si es su caso. El mismo escritor citado dijo; “En aquel tiempo estabais […] sin esperanza”.[2]

De esta manera indicó que hubo un antes y un después en sus vidas, pasaron de no tener esperanza a tenerla. ¿Cómo fue posible este cambio?… Porque tener esperanza, es más que una simple frase bonita, es algo mucho más profundo. Le animamos a leer un próximo artículo con el siguiente título; La grandeza de esta esperanza

Foto: Estrella Zhang (Pexels)

[1] La Biblia. Dios nos Habla Hoy. Hebreos capítulo 6 versículo 19

[2]La Biblia. Reina Valera 1960. Efesios capítulo 2 versículo 12

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